Cada mañana se detenía frente a una relojería para poner en hora exacta su reloj. Y cierto día, el relojero salió a la puerta de su negocio, con el fin de conversar con el hombre. “Veo que todas las mañanas Ud. Ajusta su reloj en base al que tengo en mi vidriera – comentó el reloljero. ¿Qué clase de trabajo hace Ud., que necesita ajustar su reloj con tanta precisión? – preguntó.
“Yo soy el cuidador ded la fábrica metalúrgica que está aquí, en la otra cuadra – explicó el hombre. Y una de mis tareas es hacer sonar la sirena de entrada y salida del trabajo en la fábrica. Por eso necesito tener siempre hora exacta”. Entonces el relojero, tomándose de la cabeza dijo: ¡Cómo puede ser! ¡Pensar que yo siempre ajusto el reloj de mi vidriera con la sirena de la fábrica!
Los dos hombres se guiaban mutuamente para tener buena hora. ¿Pero quién garantizaba que la hora de ambos estuviera bien? Nadie. La hora de ambos podría haber estado errada, y probablemente lo era. Era como un ciego, guiando a otro ciego.
¿No es esta también la experiencia de muchos hombres y mujeres en esta vida? Unos guiándose a otros en lo moral y espiritual, pero ninguno tiene garantía que alguno está en lo correcto. Todos repiten los errores que ven en los demás viviendo engañados o equivocados. Unos se imitan a otros, se contagian de los mismos hábitos y actitudes que llevan al fracaso. Jesús se refirió a esta situación en estas palabras: “Dejadlos: son ciegos guías de ciegos; y si el ciego guiare al ciego, ambos caerán al hoyo.” (Mateo 15:4)
Es muy fácil comprender que el hombres es una criatura indefensa, impotente e incapaz de encontrar la solución de los grandes problemas de la vida por sí mismo. El hombre podrá mucho conocimiento de ciencia y tecnología, podrá superar los límites hasta de su propia planeta, porque ha llegado a la luna, y sigue explorando el espacio en busca de horizontes aun más lejanos. Y el hombre ha superado obstáculos, gracias a su ingenio, conquistando enfermedades y logrando más y más maravillas. Cobquista más y más de su propio mundo, pero sigue siendo un esclavo de su egoísmo, de su maldad, de sus vicios y de sus problemas. Parece ser rico, pero es inmensamente pobre. Parece ser sabio, pero ignora lo más importante, el conocimiento de Dios y el conocimiento de lo eterno.
La pregunta que debemos hacernos es esta: ¿con el reloj de quien ajusto la hora del reloj de mi vida? ¿Cómo voy a calibrar la brújula del barco de mi vida? Yo quiero que mi barco llegue a buen destino y necesito una brújula fiel que me oriente correctamente hacia el destino que quiero llegar.
Si la brújula no marca claramente el NORTE, corres peligro de no llegar al destino que deseas. Dice la Palabra de Dios: “Paraos en los caminos y mirad y preguntad por la sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por el, y hallaréis descanso para vuestra alma.” (Jeremías 6:16)
Busquemos entonces la orientación del divino navegante y del relojero del universo que lleva todo con extrema exactitud. El conoce los senderos de la eternidad y quiere guiarte por ellos. El quiere ajustar el reloj de tu vida, según su voluntad. Si así se lo permites, ENTONCES REALMENTE DARA GUSTO VIVIR!
muy bueno para reflesionar y pensar y mas q nada en creer q con cristo nada nos vensera ni no separara del amor de dios...
ResponderEliminarmire el facebook de un chico que decia entren a esta pagina , gracias amigo esta buenisima
ResponderEliminarmirando el facebook de un chico recomendaba esta pagina gracias amigo esta buenisima
ResponderEliminarCada mañana se detenía frente a una relojería para poner en hora exacta su reloj. Y cierto día, el relojero salió a la puerta de su negocio, con el fin de conversar con el hombre. “Veo que todas las mañanas Ud. Ajusta su reloj en base al que tengo en mi vidriera – comentó el reloljero. ¿Qué clase de trabajo hace Ud., que necesita ajustar su reloj con tanta precisión? – preguntó.
ResponderEliminar“Yo soy el cuidador ded la fábrica metalúrgica que está aquí, en la otra cuadra – explicó el hombre. Y una de mis tareas es hacer sonar la sirena de entrada y salida del trabajo en la fábrica. Por eso necesito tener siempre hora exacta”. Entonces el relojero, tomándose de la cabeza dijo: ¡Cómo puede ser! ¡Pensar que yo siempre ajusto el reloj de mi vidriera con la sirena de la fábrica!
Los dos hombres se guiaban mutuamente para tener buena hora. ¿Pero quién garantizaba que la hora de ambos estuviera bien? Nadie. La hora de ambos podría haber estado errada, y probablemente lo era. Era como un ciego, guiando a otro ciego.
¿No es esta también la experiencia de muchos hombres y mujeres en esta vida? Unos guiándose a otros en lo moral y espiritual, pero ninguno tiene garantía que alguno está en lo correcto. Todos repiten los errores que ven en los demás viviendo engañados o equivocados. Unos se imitan a otros, se contagian de los mismos hábitos y actitudes que llevan al fracaso. Jesús se refirió a esta situación en estas palabras: “Dejadlos: son ciegos guías de ciegos; y si el ciego guiare al ciego, ambos caerán al hoyo.” (Mateo 15:4)
Es muy fácil comprender que el hombres es una criatura indefensa, impotente e incapaz de encontrar la solución de los grandes problemas de la vida por sí mismo. El hombre podrá mucho conocimiento de ciencia y tecnología, podrá superar los límites hasta de su propia planeta, porque ha llegado a la luna, y sigue explorando el espacio en busca de horizontes aun más lejanos. Y el hombre ha superado obstáculos, gracias a su ingenio, conquistando enfermedades y logrando más y más maravillas. Cobquista más y más de su propio mundo, pero sigue siendo un esclavo de su egoísmo, de su maldad, de sus vicios y
de sus problemas. Parece ser rico, pero es inmensamente pobre. Parece ser sabio, pero ignora lo más importante, el conocimiento de Dios y el conocimiento de lo eterno.
La pregunta que debemos hacernos es esta: ¿con el reloj de quien ajusto la hora del reloj de mi vida? ¿Cómo voy a calibrar la brújula del barco de mi vida? Yo quiero que mi barco llegue a buen destino y necesito una brújula fiel que me oriente correctamente hacia el destino que quiero llegar.
Si la brújula no marca claramente el NORTE, corres peligro de no llegar al destino que deseas. Dice la Palabra de Dios: “Paraos en los caminos y mirad y preguntad por la sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por el, y hallaréis descanso para vuestra alma.” (Jeremías 6:16)
Busquemos entonces la orientación del divino navegante y del relojero del universo que lleva todo con extrema exactitud. El conoce los senderos de la eternidad y quiere guiarte por ellos. El quiere ajustar el reloj de tu vida, según su voluntad. Si así se lo permites, ENTONCES REALMENTE DARA GUSTO VIVIR!
Lo encontre en una pag y me parecio interesante...
ResponderEliminarPodemos empezar de nuevo todavia estamos a tiempo!